Uno ya tiene una edad y no es precisamente un chaval, pero la gente de mi generación tuvimos la suerte de criarnos en los 80 y hemos crecido a la par que lo han hecho los videojuegos.
Los chicos de hoy en día viven en un mundo tecnológico que cada vez va a más y en el que las generaciones anteriores a la mía, se ven totalmente superados. Un crio de quince años, no concibe salir a la calle sin su reproductor MP4 en un bolsillo y su móvil en el otro. Les dices que cuando ellos nacieron, en España apenas había 100000 abonados a las antiguas líneas móviles de Moviline y no sé lo creen. Les dices, que no existían los SMS, Internet, FaceBook o Tuenti y no sé lo creen.
Tal boom tecnológico, ha provocado que el mundo de los videojuegos, se pidan más y más gráficos. Como ya dije en más de una ocasión, a los chavales de hoy en día, como no les des al menos 1920x1080p y 60 frames estables, se nos mueren. Están acostumbrados a unos juegos con una definición espectacular y decenas de personajes en pantalla, moviéndose a toda velocidad. Pero para mi generación, aquello es muy distinto.
Nosotros nos criamos entre la vieja Atari 2600 y sus clones, con aquellos gráficos “en alta definición” y en blanco y negro. Nos criamos entre aquellos ordenadores de 8 Bits como los Spectrum o los MSX, cuyos gráficos normalmente eran en blanco y negro (si lo jugabas conectado a una TV) o peor, en una pantalla monocromo con aquellas horrible tonalidad verde en la que “te dejabas totalmente la vista”.
Aquella época, solo los más ricos podían aspirar a tener los mejores juegos en su hogar, porque por aquel entonces, nosotros, la “plebe” para jugar lo mejor de lo mejor, teníamos que dejarnos la paga semanal que nos daban nuestros padres en aquellos antros de perdición llamados “Salones Recreativos”.
Aunque a día de hoy siguen existiendo, al igual que los “Cyber”, han pasado totalmente de época. Para los chavales de hoy, un salón recreativo, es un recinto lleno de maquinas tragaperras, algunas mesas de billar y futbolines, y unas pocas máquinas recreativas de disparos, de conducción y de baile.
Lejos queda aquella época, en que entrabas en unos recreativos, con filas enteras de máquinas externamente idénticas, pero que contenían diferentes juegos. Podías por 25 pesetas, enfrentarte tu solo a ejércitos de “yonkis” y maleantes, podías pelear contra los mejores luchadores del planeta y noquearlos con un “hadouken” o podías perder miserablemente con una chica al “Tetris”. Aquella es una era que para bien o para mal, la tecnología actual y los tremendos avances en la informática domestica ha provocado su total extinción.
Ya solo nos quedan los recuerdos de las historias vividas en aquellos salones en los que nos criamos y de eso precisamente trata la mayor parte del penúltimo programa de la temporada de Fase Bonus. Un bonito especial para “abuelos cebolletas” como los de mi quinta, en el que se repasan algunas de las vivencias, tanto de los miembros del podcast como de los oyentes, en estos lugares llenos de niños, adolescentes, gente de dudosa calaña y dueños usureros.
Aunque antes de meterse a fondo en ese viaje al pasado de los videojuegos, también tuvimos otra ración de “Se ha escrito un mail” con algunos de los correos enviados por los oyentes a fasebonus@sakurabit.net
Recordar que para descargar este podcast, podéis acudir a www.sakurabit.net, retrobits.wordpress.com y www.pixelgordo.com
Programa 1×37 de Fase Bonus














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